La tarde del pasado sábado 28 de marzo, las calles de Benimaclet y València se llenaron de voces contra el fascismo. Centenares de personas participaron en una manifestación antifascista convocada por la organización juvenil Organización Juvenil Socialista (OJS) junto a otros colectivos sociales, en respuesta a la marcha de carácter ultra convocada por Núcleo Nacional.
La movilización antifascista no solo fue una reacción puntual, sino una demostración de fuerza organizada frente al crecimiento de discursos racistas y excluyentes en el espacio público.
Un barrio que se organiza frente al fascismo
La convocatoria antifascista recorrió el barrio de Benimaclet, un espacio históricamente vinculado a la organización vecinal y a los movimientos sociales. Desde allí, la marcha avanzó con consignas contra el racismo, el fascismo y la extrema derecha.
Las organizaciones convocantes denunciaron que la movilización de Núcleo Nacional suponía un intento de normalizar discursos de odio en la ciudad, algo que, aseguran, no puede quedar sin respuesta.
Lejos de ser marginal, la protesta antifascista reunió a una amplia diversidad de colectivos: juventud organizada, movimientos vecinales, activistas antirracistas y ciudadanía comprometida.
Más que una contramanifestación
Desde Organización Juvenil Socialista (OJS) y el resto de entidades convocantes se insistió en que la movilización no era solo reactiva, sino parte de una estrategia más amplia de construcción de tejido social antifascista.
El objetivo: impedir que la extrema derecha gane espacio en los barrios y en el debate público.
En este sentido, las consignas no se limitaron a la denuncia, sino que también reivindicaron derechos sociales, convivencia y defensa de lo público frente a la exclusión.
Un clima de tensión creciente
La convocatoria de la marcha ultra se produce en un contexto de auge de la extrema derecha en distintos puntos del Estado. La presencia de este tipo de movilizaciones en València ha generado preocupación entre amplios sectores sociales.
Los colectivos antifascistas advierten de que estos grupos buscan ganar visibilidad y legitimidad, utilizando el espacio público como escenario de confrontación política.
Frente a ello, la respuesta en las calles pretende marcar un límite claro: el fascismo no es una opinión, es una amenaza colectiva.
El antifascismo como defensa democrática
Más allá de la jornada concreta, la movilización del 28 de marzo deja una lectura política clara: existe una base social activa dispuesta a confrontar el avance de la extrema derecha.
Para los convocantes, el antifascismo no es solo una identidad política, sino una práctica cotidiana de defensa de derechos, convivencia y democracia real.
València habló en sus calles. Y lo hizo alto y claro.



Deja una respuesta