Diari ResPublica

VOLVER A HABITAR LO PÚBLICO

asociacionrespublica@gmail.com · 4 marzo 2026

LA TERCERA REPÚBLICA SERÁ FEMINISTA O NO SERÁ

Marzo llega con memoria: la del 8M y la de conquistas arrancadas en la calle, en el trabajo y en los barrios. Por eso Res Pública abre en marzo: porque cuando el clima político se enrarece, lo peor que podemos hacer es retirarnos a lo privado como si la democracia se defendiera sola.

No. La democracia se defiende habitándola.

El retroceso rara vez entra por la puerta grande. A veces se cuela por un reglamento, una comisión que desaparece o una partida que se recorta “por eficiencia”. En el País Valencià lo hemos visto con nitidez: PP y Vox reformaron el reglamento de Les Corts eliminando comisiones —entre ellas Igualdad y LGTBI— y retirando el lenguaje inclusivo del texto. Lo simbólico no es decoración: decide qué se debate, qué se financia y qué se considera “prescindible”.

Y el presupuesto es política en estado puro. En la Diputació de València se anunció la prórroga de las cuentas de 2026 en un pulso con Vox que incluía exigencias de recortes en memoria democrática e igualdad. Cuando el dinero se mueve, se mueven las vidas.

El mapa electoral también grita. La encuesta de 40dB para El País y la Cadena SER sitúa a Vox en torno al 18% tras cuatro meses de subida. Y en Aragón, en las autonómicas del 8 de febrero de 2026, Vox duplicó y alcanzó 14 escaños, volviendo a ser decisivo. Ese “poder de llave” se traduce en agenda: qué se borra del debate público, qué políticas se desmantelan y a quién se señala como chivo expiatorio.

La ultraderecha no está “opinando distinto”: intenta redefinir qué vidas importan, qué derechos se presentan como “privilegios” y qué violencias vuelven a ser “asuntos domésticos”. Empiezan llamando “ideología” a la igualdad para poder recortarla sin sonrojo. Si aceptamos ese marco, ya hemos perdido medio partido.

La Tercera República no puede ser una bandera de museo. Tiene que ser una actualización democrática con blindajes concretos: instituciones elegidas y controlables, transparencia real, derechos sociales garantizados y una democracia que ponga los cuidados y la igualdad en el centro. Laicidad para que ninguna moral se imponga como norma pública. Antifascismo como higiene democrática. Y feminismo interseccional —con clase, raza, migración, diversidad funcional y disidencias— porque si las vidas más precarizadas quedan fuera, lo que se llama “democracia” se convierte en un club.

Que quede claro: el feminismo no es un “tema sectorial”. Es el sistema nervioso de los derechos. Cuando se ataca el derecho a decidir, cuando se trivializa la violencia machista, cuando se demoniza la educación afectivo-sexual o se persigue a personas LGTBIQ+, no se está “debatiendo”: se está ensayando una jerarquía de ciudadanía.

Por eso abrimos esta sección: para volver a habitar el espacio que cedimos por cansancio, precariedad o saturación. Res Pública quiere ser herramienta, no escaparate: un lugar donde nombrar el retroceso con precisión, desmontar trampas con pedagogía y mala leche bien dirigida, y construir alianzas entre feminismos, sindicalismo, movimiento vecinal, cultura y juventud.

Y la salida no puede ser solo indignación. Agenda mínima: seguir el rastro del dinero, defender lo público sin complejos, organizar redes de apoyo y respuesta rápida, exigir rendición de cuentas y convertir la divulgación en movilización. Leer, discutir y actuar. Con método, con ternura, con furia. Porque lo público es la vida y, si lo dejamos vacío, lo ocuparán quienes quieren un país más pequeño, más obediente y más desigual.

Marzo abre con una tarea: volver. Habitar. Defender. Y empujar. La república del siglo XXI será feminista, antirracista y social… o no será.